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Ante el hambre que afecta a 645 millones de personas, la educación abre caminos de esperanza. Los días 16 y 17 de octubre se conmemoran dos importantes Jornadas Internacionales: respectivamente, la de la Alimentación y la de la Eliminación de la Pobreza. Ambas efemérides ponen de relieve dos realidades estrechamente relacionadas. La falta de ingresos impide el acceso a una alimentación adecuada, mientras que el hambre y la malnutrición afectan a la salud, dificultan el aprendizaje y reducen las posibilidades de encontrar un trabajo digno.

Ante el hambre que afecta a 645 millones de personas, la educación abre caminos de esperanza. Los días 16 y 17 de octubre se conmemoran dos importantes Jornadas Internacionales: respectivamente, la de la Alimentación y la de la Eliminación de la Pobreza. Ambas efemérides ponen de relieve dos realidades estrechamente relacionadas. La falta de ingresos impide el acceso a una alimentación adecuada, mientras que el hambre y la malnutrición afectan a la salud, dificultan el aprendizaje y reducen las posibilidades de encontrar un trabajo digno.

 

(ANS – Madrid) – Los días 16 y 17 de octubre se conmemoran dos importantes Jornadas Internacionales: respectivamente, la de la Alimentación y la de la Eliminación de la Pobreza. Ambas efemérides ponen de relieve dos realidades estrechamente relacionadas. La falta de ingresos impide el acceso a una alimentación adecuada, mientras que el hambre y la malnutrición afectan a la salud, dificultan el aprendizaje y reducen las posibilidades de encontrar un trabajo digno.

 

El último informe de las Naciones Unidas sobre seguridad alimentaria y nutrición muestra algunos avances. En el año 2025, alrededor de 645 millones de personas, casi el 8% de la población mundial, sufrían hambre, casi catorce millones menos que el año anterior. Sin embargo, la evolución sigue siendo desigual y los avances resultan insuficientes para alcanzar el objetivo “Hambre Cero” antes de 2030.

 

El hambre es solo la manifestación más visible de un problema mucho más amplio. Cerca de 2.100 millones de personas viven en condiciones de inseguridad alimentaria moderada o grave. Esto significa que no tienen acceso regular a alimentos suficientes o que se ven obligadas a reducir la cantidad y la calidad de lo que comen.

 

El hambre está disminuyendo, pero una alimentación saludable sigue siendo inalcanzable para millones de personas

Además, casi 2.700 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población mundial, no pueden permitirse una alimentación saludable. Los conflictos armados, los desplazamientos forzados, los fenómenos climáticos extremos, el aumento de los precios y las desigualdades económicas siguen condicionando el acceso a una alimentación segura, variada y nutritiva.

 

A estas cifras hay que añadir que alrededor de 2.200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable; 4.200 millones no disponen de servicios de saneamiento seguros y 3.000 millones no cuentan ni siquiera con instalaciones básicas para lavarse las manos.

 

La pobreza también sigue alcanzando proporciones enormes. El Banco Mundial estima que en el año 2025 alrededor de 831 millones de personas vivieron con menos de tres dólares al día: el nuevo parámetro internacional utilizado para medir la pobreza extrema. La situación es particularmente grave en el África subsahariana y en los países afectados por conflictos, fragilidad institucional o crisis prolongadas.

 

A la pobreza económica se suman otras privaciones. El Índice de Pobreza Multidimensional pone de relieve que 1.100 millones de personas carecen simultáneamente de derechos y servicios esenciales relacionados con la salud, la educación y las condiciones de vida. Además, casi el 80% reside en regiones expuestas a sequías, inundaciones, temperaturas elevadas u otros riesgos climáticos.

 

Educación y formación: elementos clave para que las historias de pobreza tengan un final diferente

Manikkam, por ejemplo, creció en una familia pobre de una comunidad tribal de Kerala, en India, y apenas pudo asistir a la escuela salesiana. Tras años de trabajos precarios, recibió formación en apicultura, emprendimiento y contabilidad básica. Hoy posee veinte colmenas y combina su trabajo como ayudante de cocina con los ingresos de su pequeña empresa de producción de miel. La formación le ha permitido fortalecer la economía familiar y recuperar la dignidad de sentirse emprendedora.

 

En Colombia, Diane encontró en el curso de “Circo Social” de la obra salesiana “Juan Bosco Obrero” una salida profesional y un proyecto de vida. En África, Sylvie y Christopher viajaron desde Ruanda y Uganda hasta Ghana para especializarse en energía solar. Su formación técnica les permitirá regresar a sus comunidades con competencias relacionadas con el empleo y el desarrollo sostenible.

 

Detrás de estas cifras hay personas que luchan cada día por alimentar a sus familias y acceder a nuevas oportunidades. La educación por sí sola no resuelve todas las causas de la pobreza, pero proporciona conocimientos, autonomía y competencias para acceder a un empleo, iniciar una actividad económica, conocer los propios derechos y participar en el desarrollo de la comunidad.

 

Estos son solo algunos ejemplos de cómo la educación salesiana puede transformar la ayuda inmediata en oportunidades duraderas. “Junto a los misioneros salesianos, trabajamos en ciento treinta y ocho países de los cinco continentes con escuelas, centros juveniles, espacios de acogida y centros de formación profesional, con especial atención a la infancia y a los jóvenes en situaciones de mayor vulnerabilidad”, explican desde Misiones Salesianas, la Procura Misionera salesiana de Madrid.

 

Combatir el hambre significa garantizar alimentos hoy, pero también ofrecer herramientas para el mañana. Una escuela, una formación profesional o el acompañamiento para iniciar una pequeña actividad pueden permitir que una persona obtenga unos ingresos estables, mejore la alimentación de su familia y rompa el círculo vicioso de la pobreza que, con demasiada frecuencia, se transmite de generación en generación.

 

Fuente: Misiones Salesianas